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Lo que viví en Ser Mujer: Un Viaje Extraordinario

Participar en Ser Mujer: Un Viaje extraordinario, fue reconocerme en un espejo amplio: el de mi propia confianza regresando a casa. Descubrí que aquello que he soñado crear, desde las producciones hasta los talleres y performances como ANUNA, no solo es posible sino necesario. Confirmé que mi trabajo tiene un lugar en el mundo y que puede acompañar a otros a transformarse.

 

Durante ese fin de semana abrimos juntas un territorio seguro donde pudimos mostrarnos vulnerables, reconciliarnos con nuestras historias, recordar que la fuerza que buscamos afuera siempre estuvo dentro. Presencié la grandeza de mi mamá, la belleza del grupo y el amor silencioso que sostiene un espacio cuando se comparte con autenticidad.

 

Me encontré a mí misma desde un lugar poderoso, femenino, creativo, emocionante y profundamente divertido. También aprendí sobre equipo, sobre soltar el control, escuchar, honrar el camino recorrido y mostrarme tal cual soy, sin máscaras ni perfección.

 

ANUNA y Ser Mujer: Un Viaje Extraordinario me transformaron. Me hicieron saber que estoy en el camino correcto, rodeada de personas que me sostienen y me recuerdan que podemos crecer juntas. Este evento fue un regreso a casa: a mi propósito, a mi verdad y al espacio compartido donde todas podemos volver a nosotras.

Gracias por este viaje extraordinario

Dar vida a Ser Mujer, Un Viaje Extraordinario fue el acto de creación más transformador y retador de mi vida.

 

Por primera vez, me permití silenciar el ruido externo para seguir mi misión con la certeza de la intuición. En el camino, aprendí la belleza de la rendición ante la vida y descubrí que la templanza es la clave para la expansión, sosteniendo el propósito incluso ante lo imprevisto.

 

El verdadero regalo fue la sanación profunda en el proceso: se sanaron mis relaciones, mi maternidad y mi linaje. Con mi esposo, viví una nueva forma de amor y acompañamiento: sentirme sostenida sin ser dirigida, contenida sin ser limitada. Y ver a mis hijas colaborar, honrando su libertad creativa y grandeza, fue un sueño cumplido.

 

Este proyecto, gestado durante más de seis años, reveló mis capacidades y talentos multiplicados al ponerlos al servicio de un propósito mayor. Aprendí a habitar el presente con plenitud. Hoy sé que la magia sucede justo en ese espacio entre la certeza y el misterio de la incertidumbre.

 

Y es que, cuando se actúa desde ese lugar de autenticidad, la vida se encarga de enviarte a las personas correctas: a los aliados, al equipo y a los patrocinadores que, desde el amor y el propósito, hacen posible crear algo para el mayor bien de todos.

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